Puerto Iguaz˙
Argentina

Dice la antigua leyenda guaraní: “Muchos años atrás, el río Iguazú era habitado por una enorme serpiente llamada Boi, era costumbre de los guaraníes sacrificar una vez por año una linda doncella, que era lanzada al río entregándola de esta forma a la serpiente.  Para esta ceremonia se invitaban a todas las tribus guaraníes hasta las que estaban más alejadas. Fue así que un día llego un joven cacique llamado Taroba, que conoció a una linda doncella llamada Naipi ya elegida para ser sacrificada. Con gran valentía la rapto en vísperas del sacrificio escapando por el río en su canoa. Enterándose de esto Boi quedo tan furioso que doblándose dividió el curso del río formando las Cataratas. Como castigo Boi los transformó en las árboles que hoy se ven en la parte superior de las cataratas con la cabellera de la bella Naipi como saltos de agua. Después de eso se sumergió en la Garganta del Diablo y cuida hasta hoy que los amantes nunca vuelvan a unirse... pero en los días de pleno sol, el arco iris supera el poder del mal de Boi y los vuelve a unir.”
A lo largo de toda su visita por el Parque Nacional Iguazú y el área Cataratas, el visitante podrá percibir la marcada influencia que la cultura guaraní dejó en la región hasta nuestros días. Las fascinantes costumbres e historia de esta etnia castigada por la conquista europea aún permanecen en esta región.
El Parque Nacional Iguazú, en el norte de la provincia de Misiones, Republica Argentina, posee en la actualidad una superficie de 66148 hectáreas. Esta formado en torno a las cataratas donde el Iguazú forma el límite entre Argentina y Brasil. Encadenados a lo largo del borde del acantilado, y formando una medialuna de casi 3 km de largo, una serie de 275 cascadas y saltos individuales separados por los islotes rocosos, densamente enselvados, dan curso a la caída del río hacia el nivel inferior de la meseta. Ochenta metros de caída libre, que a veces son interrumpidos por salientes o rocas, creando nubes y arco iris. Los saltos, de cualquier forma memorables, se convierten en algo más hermoso aún, al estar rodeados de la belleza de la selva. Los exuberantes bosques donde el bambú, las palmeras y los helechos cubren el terreno de un verde tan intenso que hasta parece increíble a los ojos, le dan un toque de mayor hermosura a cada una de las caídas de agua. Los loros y los tucanes de brillantes plumas revolotean a través del follaje, entre exóticas orquídeas, begonias y otras flores salvajes.
Se han registrado 448 especies de aves, 80 de mamíferos y un número mayor de peces, batracios y reptiles, a esto debe sumarle una gran cantidad de lepidópteros (mariposas y polillas). En este reino del agua, una de las sensaciones imperdibles es ver las Cataratas desde el propio Río Iguazú, gracias a los paseos en lanchas que llevan hasta el pie de los saltos. Dos circuitos desde el agua permiten embarcarse para navegar unos 20 minutos por los rápidos: a puro salto, los turistas se bañan literalmente en el agua de las Cataratas, y salen empapados pero renovados por la emoción y la aventura.

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